VOTAR A ALGUIEN DEL QUE DESCONFÍAS PARA PODER ASÍ, POR FIN, PENSAR LAS COSAS REALMENTE IMPORTANTES

Quede claro que entiendo a los ciudadanos que votan con el único criterio que se me ocurre respetable: el de lo menos malo. Porque, es verdad: al final, un ciudadano sensato vota sólo contra lo peor. Es legítima autodefensa. Quien decida votar que no vote a favor de nada. Ni de nadie. Que vote contra quien amenaza destruirlo. Algo es algo. Por eso el domingo votaré al Partido Popular porque es el único en condiciones de sumar la mayoría suficiente para librarnos de Sánchez y acabar con sus políticas fraudulentas, corruptas, ineptas, sectarias y despóticas. Me explico: uno no espera demasiado del PP. Pero en situaciones críticas como la creada por el sanchismo, el voto no busca lo ideal ni lo mejor, sino impedir lo peor, el desastre de otro cuatrienio Sánchez con los neocomunistas cuquis y fashion de Sumar

 

Los partidos de gobierno acaban siendo empresas de colocación al servicio de profesionales del disfrute de cargos, y esa deriva tiene muy poco que ver con las ideas y los objetivos proclamados: lo que mata a los partidos es perder el poder, no la oposición a sus fines. Pero esa realidad tiene una ventaja inestimable: para sobrevivir y mantener el sistema, el PP no va a tener más remedio que acabar con algunas lacras destructivas del propio sistema.

 

Cuando el PSOE apostó por Sánchez, el del inepto pucherazo interno, optó por una política populista que dividiera a la sociedad en dos bloques irreconciliables. La destructiva personalidad narc

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