¿Qué abogados y estudios jurídicos marcan diferencias en el siglo XXI?

El ejercicio de la abogacía en el siglo XXI es un desafío cada vez más arduo, especialmente cuando observamos la evolución que ha tenido la profesión legal en su historia.

Al abogado de hoy, se le exigen nuevas e interpersonales habilidades que podrían atribuirse anteriormente solo a profesionales del área de la psicología, ingeniería, publicidad y filosofía. Al mismo tiempo, se espera que dominen a cabalidad todas las demás habilidades y atributos que definen al abogado clásico.

La más célebre de ellas, la retórica, ha sido uno de los talentos más antiguos de los juristas, remontándose incluso a la antigua Grecia tributaria de sus grandes filósofos y políticos. La habilidad de poder elocuentemente persuadir al juzgador sobre la verdad y justicia de la teoría del caso que se expone, siempre ha detentado una magnánima preponderancia en el ejercicio de toda firma legal y profesional jurídico.

Sin perjuicio de lo anterior, y como ha venido diciendo, han emergido nuevas exigencias en el mundo para quienes tratan sobre los asuntos más delicados de las personas. Esto es, la libertad, el patrimonio, la seguridad personal y de la familia, y en definitiva la justicia y racional equilibrio que inspira -o debiese inspirar- cada ley.

Entre estas exigencias destacan por ejemplo, la capacidad de escucha activa, de empatía, y sobre todo de humanizar el servicio legal para conectar con las verdaderas necesidades, miedos, sueños y esperanzas de nuestros clientes.

Por cuanto, si bien los resultados son relevantes, al cliente les interesará en gran medida como los hiciste sentir, de la manera que contuviste como abogado su ansiedad y emociones desbordantes, constituyendo un hecho tanto o en ocasiones más importante incluso que, el desenlace práctico del procedimiento o caso.

Por otra parte, y para los estudios jurídicos y firmas legales, se vuelve imprescindible la capacidad ingenieril de administración del tiempo, el bien más preciado de todo letrado. Junto al desafío permanente de conciliar el nuevo sentido matemático de la profesión de abogado empresario, al mismo tiempo con los atributos interpersonales que exigen los clientes de hoy en día.

La abogacía, por más que se intente, no puede considerarse una empresa o industria como las demás, por cuanto se sustenta en la confianza directa y exclusiva del cliente con un letrado en particular incluso más que en una marca corporativa. Es una relación estrecha y personal, por cuanto la emocionalidad y relevancia del tema tratado es siempre un hecho de la esencia del servicio.

Letrado el cual, por más que detente herramientas digitales , el trabajo de la justicia es siempre incierto y por sobre todo, eminentemente artesanal. Y es en el reconocimiento de esta naturaleza del trabajo de un estudio jurídico, en que se permite recordar la importancia de la inteligencia emocional en el crecimiento de una firma legal.

Por otra parte, la imagen corporativa es un hecho de gran relevancia para la creación de marca en el imaginario de cada cliente. La seriedad, el compromiso, y el talento de una firma puede medirse inmediatamente y en una primera mirada, en la forma en que se muestra al mundo. Exigiendo al letrado y el estudio jurídico que represente, tener una presencia significativa en el mundo digital para transmitir su conocimiento, experiencia y por lo pronto el valor de sus servicios.

Finalmente, se debe tener a la vista irradiar dichos principios y comportamientos tanto al exterior de la firma como al interior de la misma. Es decir, colocar a los asociados y miembros del estudio en el centro de las prioridades a efectos de que ellos mismos puedan transmitir dichos valores a la experiencia del cliente.

En mi experiencia, estas será las claves que permitirán marcar las diferencias en cada abogado y estudio jurídico que busque alcanzar la excelencia en esta primera parte del siglo.

Ariel Wolfenson Rivas

Socio Principal
Wolfenson Abogados

Ariel Wolfenson es abogado de la Universidad Diego Portales, Máster en Derecho de la Empresa LL.M. UC de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Máster en Derecho Público y Litigación Constitucional UDP.
Socio Principal en Wolfenson Abogados, uno de los más prestigiosos estudios jurídicos de Chile, con oficinas en la comuna de Las Condes, Santiago.

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