Por quienes están sufriendo, nos corresponde pedir perdón

La crisis climática es real. La emigración se cobra demasiadas vidas. Y nos corresponde pedir perdón… Sí, nosotros también pedimos perdón.

Porque mientras esta semana el mundo ha estado centrado en los efectos de las peligrosas olas de calor en Grecia y Roma, y en cómo afecta a los miles de turistas. Mientras los medios y la opinión pública miran a las grandes ciudades y han estado hablando de cómo organizar nuestro día, para no exponernos a las temperaturas extremas. En el desierto del norte de África hay miles de personas que no tienen de dónde sacar agua, no pueden avanzar en su camino hacia el Mediterráneo, no tienen la opción de volver a casa y están muriendo.

Mueren tras haber sido abandonadas por traficantes de personas. Abandonadas a su suerte, sin alternativas, ni esperanzas. Mueren, sin que sus nombres o sus voces sean escuchados en el “primer mundo”. Mueren, como esa madre y su hija, por quienes el Papa Francisco pidió perdón… por quienes nosotros también pedimos perdón.

Y no nos culpabilizamos por tener un techo sobre nuestras cabezas o trabajos y hogares con ventilación, o acceso a servicios que damos por sentados para el resto de las personas. No.

Pedimos perdón por no hablar… por no gritar más fuerte para dar voz a los que no la tienen. Por las ocasiones en que hemos asumido el drama migratorio como un mal con el que debemos vivir. Por permitirnos verles, en ocasiones, como simples estadísticas, olvidando que q

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