Papá, ¿es difícil ser abogado?

Cuando mi hija pequeña me lo preguntó, me pareció oportuno darle una respuesta esquiva, pero didáctica, y le expliqué que todos los trabajos tienen su dificultad y que lo importante es hacer algo que a uno le guste y esforzarse para tratar de hacerlo lo mejor posible. Pero no caí en la cuenta de que la avidez de información de una niña de seis años exige a menudo una mayor atención. «Papá, ¿y por qué ser abogado es difícil?«.

¡Vaya con la preguntita de la niña! Empecé por lo básico. Hay que estudiar mucho. No todo el mundo sabe que, después de hacer la carrera de Derecho, actualmente es necesario cursar un máster y aprobar un examen habilitante para poder ejercer como abogado. Una vez superado todo, y siempre y cuando pagues las cuotas obligatorias de tu colegio de abogados durante toda tu vida profesional, te encontrarás ante una de esas profesiones en las que hay que seguir estudiando cada día.

Además de estar al tanto de las sentencias novedosas que van apareciendo y de los criterios cambiantes de nuestros tribunales, los abogados debemos prestar atención a las novedades normativas. Ahí sale nuestra faceta de intérprete, pues debemos ser capaces de conseguir entender qué quiere decir un legislador que cada vez es menos técnico y preciso -hasta el punto de que actualmente tenemos una norma laboral elemental con dos redacciones distintas en vigor para un mismo precepto-. Y, por su

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