Otra muerte que nos recuerda que seguimos vivos

Con la estremecedora aparición del cuerpo de una bebé de ocho meses en la costa de Tarragona, continúa la sucesión de tragedias el mar que durante las últimas semanas nos han recordado que el drama migratorio es una realidad latente.

La bebé ha sido ubicada como parte de un naufragio que tuvo lugar en abril pasado y donde pereció, junto a su madre y otras 11 personas que realizaban la travesía en patera desde Argel.

Esta puede pasar como una de otras tantas noticias relacionadas y que nos conmociona, pero que nos habituamos a escuchar y leer. Sin embargo, antes de que sigas dando scroll, toma un momento para sentir y comprender la agonía de quienes ven como única alternativa de mejor vida, el arriesgarlo todo, para llegar al «primer mundo».

Esta niña ya no podrá crecer, estudiar, hacerse adulta y marcar la vida de su familia, amistades y quién sabe, quizás del mundo.

Nunca sabremos si hubiera llegado a ser doctora, científico, maestra, literaria, ingeniera…

Nunca sabremos qué le habría gustado, cómo habría sonado su voz, cómo habría envejecido.

Ella, y los miles que han fallecido y, tristemente, continuarán haciéndolo, son voces que ya no sonarán para sus familias y amigos.

Por eso, cuando veas un extranjero a tu lado en el metro, yendo a trabajar, con su ropa tradicional llevando un poco de su historia consigo.

Cuando veas a un inmigrante esforzarse de sol a sol, emprender, prosperar, soñar y ser parte de la sociedad

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