LA VIVIENDA SE ESTÁ SITUANDO COMO LA PRINCIPAL DIFERENCIA DE LA DIGNIDAD DE LAS CONDICIONES DE VIDA

La deriva peligrosa que atraviesa la vivienda: ha pasado de ser un derecho a convertirse en un producto financiero, en un negocio.

 

Según la Encuesta de Competencias Financieras del Banco de España casi la décima parte de los hogares con hipotecas (un 3% del total, algo más de medio millón) se la ha quitado en cinco años (de 2016 a 2021) en un proceso que se está acelerando con la subida de tipos y que se concentra en las que ingresan 4.000 euros mensuales o más. Además un volumen mayor, el 4%, que serían algo más de 750.000, dedican al cabo del año su excedente de renta a adquirir inmuebles como medio de ahorro/inversión.

 

Los datos sobre la realidad socioeconómica del país son inquietantes: tres millones de hogares se quedan por debajo del umbral de la pobreza severa una vez han pagado la vivienda y los suministros básicos (agua y energía), y el 16% de la población que vive en casas alquiladas experimenta un nivel extremo de estrés financiero, es decir, destina más del 60% de sus ingresos al pago del alquiler.

 

El análisis de los gastos revela otra faceta de la desigualdad: la vivienda (42,6%) y los alimentos (20,5%) se llevan prácticamente dos tercios de los ingresos de las familias menos pudientes mientras no llegan a requerir dos de cada cinco euros (27% y 12,4%) de las que más ganan. Esa relación se invierte cuando se analizan los recursos dedicados a transporte y a ocio y restauración, que suponen uno de cada

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