La vacuna para acabar con el miedo a emprender

Semanas atrás tuve la oportunidad de reunirme con un grupo de empresarios y de emprendedores para simplemente compartir pensamientos e ideas.

Esa clase de pensamientos que aburren a familiares y amigos, pero que te quitan el sueño los domingos y, siendo sincera, algunas noches.

Más allá de confirmar que somos muchos los que nos preocupamos por nuestro equipo me di cuenta de que todos, de alguna manera, queríamos mejorar el mundo: más sostenible, más humano, más moderno, más bonito e, incluso, más democrático. Compartimos sin filtros nuestras experiencias y nos vimos unidos por un mismo deseo: aprender y escarmentar en cabeza ajena. Hay muchas piedras en las que otros se han tropezado y de las que, con la empatía suficiente, puedes evitar caer tú también.

Con estas ideas resonando en mi cabeza, me he pasado varios días reflexionando. Terrible fama la que envuelve al empresario (y a la empresa, en general) en España. Tanto es así que el 75 % de nuestros jóvenes quiere ser funcionario, sin apellidos y sin profesión concreta. Funcionario como vocación de seguridad, de no arriesgar, de un horario fijo y sin demasiada pasión.

Esta generalización está llena de excepciones. Es evidente que jueces, magistrados, abogados del estado, por poner un ejemplo que conozco de cerca, han dado muchos años de su juventud por una vocación y por un deseo de mejora de lo público. No me refiero a eso.

Funcionario es un concepto indeterminado vinculado a una f

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