LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA EN EL ÁMBITO LABORAL

La conciencia es una relación de uno consigo mismo. La objeción de conciencia nace cuando el comportamiento exigido es “contrario a convicciones (creencias o ideas) tan arraigadas que el sujeto concibe como parte de su propia identidad y, en consecuencia, la infidelidad a las mismas es vivida como una traición a sí mismo

Cuando surge esa contradicción ¿qué debe prevalecer: la autonomía moral de individuo como un valor absoluto o las obligaciones laborales?

La objeción de conciencia en lo laboral posee numerosos frentes de reflexión y son muchos los ejemplos desde el tipógrafo que se niega a imprimir escritos en los que se hacía apología de la guerra a la negativa a colaborar en una empresa tabaquera

La objeción alcanza incluso al ámbito de las prestaciones sociales como en el caso del beneficiario de una prestación por desempleo que manifiesta ser de “ideología contraria al capitalismo” y, en consecuencia, no era titular de cuenta corriente alguna a través de la cual se pudiera gestionar el cobro de dicha prestación. Pero el futuro también puede abrir nuevas dimensiones de la objeción de conciencia: los aspectos ideológicos que pueden estar relacionados con el trabajo con robots o con IA, y que pueden dar lugar a lo que se ha denominado como una “objeción de conciencia tecnológica”.

Pero, ¿podemos hablar propiamente de una objeción (laboral) de conciencia constitucionalmente tutelada? La objeción de conciencia se regula en el art. 30.2 CE

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