EL DESAFÍO DE LA ERA DE LOS «SÉNIORS»

La alarma de que en un futuro no muy lejano no haya fondos suficientes para pagar las jubilaciones empieza a preocupar seriamente a los que están todavía en edad laboral.

 

Será necesario reforzar el mercado de trabajo con nuevos cotizantes o mantener a los existentes durante más tiempo y el recurso a la inmigración va a resultar imprescindible

 

El miedo se produce sobre todo en los países (como España) que utilizan el sistema de reparto consistente en pagar las jubilaciones con las cotizaciones de los que están trabajando. El procedimiento funciona cuando hay un número suficiente de cotizantes y un volumen moderado de perceptores, como así ha sucedido durante largo tiempo. Pero los cambios demográficos recientes, en concreto la fuerte caída de la natalidad y el acusado proceso de envejecimiento, han venido a complicar la situación.

 

La baja fecundidad provoca la disminución de población joven y adulta-joven y por lo tanto del volumen de cotizantes. El envejecimiento multiplica las cifras de mayores y en consecuencia la magnitud de los jubilados que al tener esperanzas de vida cada vez más altas permanecen más años cobrando su pensión. Las proyecciones demográficas en España nos anuncian que donde ahora hay tres trabajadores por cada jubilado, en 2050 solo habrá 1,5 y ello en un mundo idílico definido por el pleno empleo y una llegada generosa de inmigrantes. En la práctica, la situación será peor porque suponer que el paro va a desapare

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