Debe y haber en la Justicia española

La convocatoria de elecciones generales para el próximo 23 de julio, hecha por presidente del Gobierno Pedro Sánchez, interrumpe el proceso de sesudos análisis sociopolíticos -que se nos venían encima- sobre los resultados electorales del 28 de mayo. Es una primera razón para estarle agradecido. En mi lista de agradecimientos también está anotado el adelanto de la posibilidad de elegir quién nos gobernará en los próximos años. No es poco…pero en materia de Justicia, que es el ámbito de la realidad social que mejor conozco, esa lista deja de tener sumandos, queda binaria.

No puedo decir lo mismo para la de fracasos/agravios. Intentaré sistematizarlos y eludir la subjetividad más completa. Pero lo haré después de relatar una experiencia muy personal. Es probable que no fuese única, al menos dentro del colectivo de los que trabajamos en los juzgados y tribunales.

El domingo antes de comer, cuando fui al colegio electoral y cerré las cortinillas para coger la papeleta que echaría en la urna como expresión de mi voto, miré la pequeña estantería repleta de siglas. Muchas desconocidas, como siempre. Las dos o tres entre las que mi conciencia social me permite elegir, estaban donde siempre. Había una con su anagrama tan conocido -y querido para mí- que se me hacía imposible, tan siquiera, considerar. ¿Cómo escogerla si el Gobierno que sostiene ese partido tiene entre sus miembros, si digo bien, entre sus miembros -un secretario de Estado es parte del Gob

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