Balaam el mago y la Estrella de Belén

El oráculo de Balaam se menciona en el Libro de los Números (cap 22, 23 y 24). Un mago, el hijo de Beor, de la tierra de Petor en Aram-Naharaim, libre por un momento de sortilegios y maleficios, abre sus ojos ante Dios. Y vio lo que el Omnipotente le hizo ver. Siguiendo sus designios, bendice a un Pueblo errante que desde los márgenes del rio Jordán, desde las llanuras del Moab, espera la entrada en la Tierra Prometida. Los príncipes de Moab y su rey Balac, recelosos, lejos de acudir a su encuentro con pan y agua para ampararles tras un largo viaje, incitan al mago que maldiga a los israelitas, «pues sé que a quien tu bendices es bendito, y aquel a quien tú maldices es maldito». Pero Balaam sorprende a los moabitas proclamando que ante los hebreos guiados por Moisés su poder no alcanza; «no hay augures en Jacob, no hay adivinos en Israel», solo la voluntad Dios.

El destino de Balaam, el mago, será sin embargo la muerte, caerá bajo la espada de los israelitas en la batalla contra los madanitas, una de tantas de la conquista de la Tierra de promisión. Los magos son seres esquivos y contradictorios sometidos a fuerzas extrañas y poderosas, a veces benevolentes y otras maléficas, Moisés, sabedor de su condición tras los sucesos en el monte Peor, predijo su muerte; Balaam había cometido el mayor pecado posible para los hebreos, debilitado por la codicia, instigó a la mujeres moabitas para que sedujeran a los israelitas, que se abandonaron a la lujuria y la org

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